El dolor en un tendón puede cambiar la forma en que corres, subes escaleras, levantas una mochila o entrenas. Cuando el problema persiste pese a modificar la carga y realizar ejercicio guiado, las ondas de choque para tendinitis (tendinosis) pueden ser una herramienta útil. No son una solución instantánea ni sustituyen un programa de rehabilitación, pero en el caso adecuado pueden reducir el dolor y ayudar a mejorar la estructura del tendón.
La decisión no debería basarse solo en que “duele el tendón”. Requiere identificar qué estructura está afectada, cuánto tiempo lleva el problema, cómo responde a la carga y qué objetivos tiene la persona. Volver a caminar sin dolor no exige lo mismo que regresar a una carrera, al gimnasio o a la competencia.
Primero, una precisión: tendinitis no siempre es el término correcto
Aunque se usa con frecuencia, “tendinitis” sugiere que existe inflamación activa del tendón. En muchos casos de dolor que dura semanas o meses, el término clínico más preciso es tendinopatía. Se trata de una alteración en la capacidad del tendón para tolerar carga, con cambios en su estructura y sensibilidad, que no necesariamente se resuelve solo con reposo o antiinflamatorios.
Esto importa porque el tratamiento debe ir más allá de apagar el dolor. Un tendón necesita recuperar tolerancia progresiva a fuerzas como caminar, saltar, frenar, acelerar o cargar peso. Por eso, el ejercicio terapéutico dosificado suele ser la base del tratamiento. Las ondas de choque pueden complementar ese proceso cuando hay una indicación clara.
¿Qué son las ondas de choque?
Las ondas de choque extracorpóreas son pulsos acústicos de alta energía que se aplican desde la piel sobre la zona dolorosa. En rehabilitación se utilizan principalmente dos modalidades: ondas focales y ondas radiales. Las focales concentran la energía a mayor profundidad; las radiales distribuyen energía de manera más amplia y superficial. La elección depende del tejido, la localización del dolor y la valoración clínica.
Su objetivo no es “romper” el tejido ni reparar un tendón por sí solas. Se cree que pueden modular la percepción del dolor y estimular procesos biológicos locales relacionados con la adaptación del tejido. Sin embargo, la respuesta es variable. La tecnología es útil cuando forma parte de una estrategia clínica, no cuando se aplica como un procedimiento aislado y repetido sin medir resultados funcionales.
Durante la sesión se coloca un gel sobre la piel y se administra la energía en la zona indicada. Es común sentir golpes rítmicos y molestia tolerable. La intensidad se ajusta de acuerdo con la región tratada y la tolerancia de cada persona. Puede quedar sensibilidad local durante 24 a 48 horas, especialmente si el área ya estaba muy irritable.
¿En qué tendinopatías hay mejor evidencia?
La evidencia no es igual para todos los tendones. Los resultados más consistentes se han observado en algunas condiciones crónicas, particularmente cuando otros abordajes conservadores bien realizados no han sido suficientes.
Fascitis plantar y tendón de Aquiles
En la fascitis plantar crónica, que a menudo se asocia con dolor intenso al dar los primeros pasos del día, las ondas de choque tienen respaldo como opción no quirúrgica cuando el manejo inicial no ha logrado el cambio esperado. En personas con tendinopatía aquílea, los estudios sugieren mejores resultados cuando se combinan con un programa de carga progresiva que cuando se utilizan sin ejercicio (Rompe et al., 2009).
Esto no significa que toda molestia en el talón requiera ondas de choque. Hay que diferenciar dolor de fascia plantar, inserción del Aquiles, irritación de una bursa, sobrecarga ósea o incluso síntomas de origen nervioso. Una evaluación clínica adecuada evita tratar la estructura equivocada.
Codo de tenista y hombro calcificado
En la epicondilalgia lateral, conocida como codo de tenista, las conclusiones de la investigación son más variables. Algunas personas mejoran, mientras otras responden mejor a ajustes de carga, fortalecimiento de muñeca y hombro, y cambios en gestos repetitivos. Las ondas pueden considerarse si el dolor es persistente, pero no deben presentarse como una garantía.
En la tendinopatía calcificada del hombro, las ondas focales de mayor energía han mostrado beneficios en casos seleccionados, sobre todo para mejorar dolor y función. Aun así, la indicación depende del tamaño y la localización de la calcificación, la limitación de movimiento y el impacto en las actividades diarias. El ultrasonido diagnóstico puede aportar información cuando cambia una decisión clínica, pero no reemplaza la exploración física.
Rodilla y cadera: evaluar antes de tratar
El dolor en el tendón rotuliano, glúteo o de los isquiotibiales requiere especial cuidado. En estas zonas, la evidencia para ondas de choque es prometedora en algunos escenarios, pero menos uniforme. Un corredor con dolor lateral de cadera, por ejemplo, puede necesitar trabajar fuerza de glúteos, control de carga y tolerancia al apoyo antes de pensar en aumentar el volumen de entrenamiento.
La pregunta relevante no es solo “¿pueden ayudar?”. Es “¿qué está manteniendo el problema y qué intervención permitirá volver a moverse mejor?”.
Cuándo pueden ser una buena opción
Las ondas de choque suelen considerarse cuando existe dolor tendinoso de varias semanas o meses, la persona ya ha intentado medidas básicas bien dirigidas y la limitación sigue afectando su vida, trabajo o deporte. También pueden ser útiles cuando el dolor impide progresar con el ejercicio, siempre que se mantenga una estrategia de carga ajustada.
No se indican únicamente por la duración de los síntomas. Una persona con dolor reciente, pero con una exigencia física alta y una alteración clara de la función, puede requerir una evaluación temprana. En cambio, alguien con dolor crónico que conserva buena capacidad para cargar y progresa con ejercicio quizá no necesite tecnología adicional.
Antes de iniciar, el equipo clínico debe descartar situaciones que modifican el plan, como una ruptura importante, una lesión ósea por sobrecarga, infección, alteraciones de sensibilidad o problemas de coagulación. El uso de anticoagulantes, el embarazo, ciertos trastornos neurológicos y la presencia de tumor en el área son ejemplos de situaciones que requieren valoración médica individualizada.
El tratamiento efectivo no termina al apagar el equipo
La parte decisiva de la rehabilitación ocurre entre sesiones: cómo caminas, entrenas, duermes, trabajas y progresas la carga. Después de las ondas de choque, no siempre conviene hacer reposo absoluto. Con frecuencia, se mantiene actividad modificada y se introduce ejercicio específico según la irritabilidad del tendón.
Un plan puede comenzar con contracciones isométricas si el dolor es alto, continuar con ejercicios lentos de fuerza y avanzar hacia movimientos más demandantes, como saltos, cambios de dirección o carrera. La dosis depende del tendón afectado y de la meta funcional. El objetivo no es evitar toda molestia, sino mantenerla en un rango tolerable que no provoque una reacción intensa o sostenida al día siguiente.
En Hygeia Rehab & Fitness, este tipo de decisión se integra con evaluación médica, fisioterapia y ejercicio clínico progresivo. La tecnología se elige por su utilidad dentro del plan, no como un tratamiento genérico para cualquier dolor.
¿Cuántas sesiones se necesitan y cuándo se notan cambios?
No existe un número universal. Con frecuencia se aplican entre tres y cinco sesiones, espaciadas por varios días o una semana, pero el protocolo cambia según la condición, el tipo de onda y la respuesta individual. Algunas personas notan alivio temprano; otras perciben cambios graduales durante varias semanas, mientras avanzan con el programa de ejercicio.
La mejor forma de medir progreso no es solo preguntar cuánto duele al salir de la sesión. También conviene revisar si puedes caminar más, subir escaleras con mayor seguridad, tolerar una sentadilla, correr cierta distancia o volver a una tarea laboral. La función da información más útil que una mejora momentánea del dolor.
Señales de una buena decisión clínica
Desconfía de promesas de curación inmediata o de protocolos idénticos para todos. Un tratamiento responsable explica el diagnóstico probable, establece metas medibles, ajusta la intensidad de acuerdo con tus síntomas y revisa si el plan está produciendo cambios reales.
Las ondas de choque pueden aportar valor en una tendinopatía persistente, especialmente cuando se combinan con fuerza, control de carga y seguimiento profesional. Recuperar movimiento no depende de un aparato: depende de entender tu lesión, respetar el proceso biológico y volver a construir confianza en lo que tu cuerpo puede hacer.
Referencias
Cacchio, A., Paoloni, M., Barile, A., Don, R., de Paulis, F., Calvisi, V., & Santilli, V. (2006). Effectiveness of radial shock-wave therapy for calcific tendinitis of the shoulder: Single-blind, randomized clinical study. Physical Therapy, 86(5), 672-682.
Rompe, J. D., Furia, J., & Maffulli, N. (2009). Eccentric loading compared with shock wave treatment for chronic insertional Achilles tendinopathy: A randomized, controlled trial. The Journal of Bone and Joint Surgery. American Volume, 90(1), 52-61.
Stania, M., Juras, G., Chmielewska, D., Polak, A., Kucio, C., & Król, P. (2019). Extracorporeal shock wave therapy for Achilles tendinopathy: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(9), 1639.
Speed, C. (2014). A systematic review of shockwave therapies in soft tissue conditions: Focusing on the evidence. British Journal of Sports Medicine, 48(21), 1538-1542.
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